jueves, 15 de abril de 2010

LEONARDO DA VINCI Y LA FILOSOFIA DE LA RAZON.

Son muchos, (tanto como sus talentos y disciplinas), pero hoy cumpliría 558 años de edad, Leonardo Da Vinci, y la intención de recordarlo surge no solo por haber sido inventor, escultor, artista, ingeniero, científico, arquitecto, urbanista, poeta, filósofo, escritor, músico, botánico, y uno de los más grandes pintores de todos los tiempos, sino para humanizar un poco al genio, y citar que es lo que estaba ocurriendo en el siglo XV con las bebidas y con los alimentos que tuvieron su protagonismo en el famoso mural de la última cena de Jesucristo y sus apóstoles.
Fue en una ocasión a la que Leonardo Da Vinci fue invitado, con motivo de una celebración de la boda de su sobrino y duque Ludovico el Moro, en el cual se comentaba que Leonardo iba a pintar un mural, pero el que todavía no estaba definido aún, pero lo cierto es que ese mural tenía un correlato, ya que estaba influido por una gran cena con manjares y vinos. Leonardo finalmente, tardaría unos tres años en terminarla y se trataría nada más y nada menos de la última cena de Jesucristo con sus apóstoles.
Y fue así, que Leonardo, encargó una larga mesa para comenzar su obra, y mandó preparar alimentos y traer vinos del Prior, pero no pasará mucho tiempo para que surjan las quejas del prior ya que luego de doce meses, señalaba que ninguna marca ha hecho en la pared, y solo se ha encargado de comer y beber, y en un mensaje le escribe al conde …”las bodegas del priorato han sufrido una gran merma y ahora están secas por completo, pero el maestro Leonardo insiste en probar todos los vinos hasta dar con el adecuado para su obra maestra”…y más adelante elevará su queja, señalando…”mis frailes pasan hambre pues el maestro Leonardo dispones a su antojo de nuestras cocinas día y noche confeccionando lo que él afirma será la comida que precisa para su mesa”.
Es necesario señalar que la tecnología de computación para lo que se vería del mural en los siglos posteriores, permitió a los científicos de la revista médica The International Journal of Obesity, escanear, rotar y calcular las dimensiones de cada una de las imágenes sin importar su orientación en los cuadros para ver que es lo que Leonardo pintó en su mural.
Por su parte, el historiador John Varriano, profesor de la Universidad de Massachussets, en una exhaustiva inspección del cuadro, descubrió con sorpresa que lo que hasta entonces se pensaba como pedazos de carne, eran en realidad restos de anguila, y a lo largo de la mesa se podían visualizar, además de trozos de pan, nítidos gajos de naranja y semillas de granada.
Lo cierto es que Leonardo tardó en realizar su obra casi tres años y fue en los últimos tres meses cuando pintó a los apóstoles, siete vasos de vino tinto medio vacíos y una comida que habría resultado mucho más austera de lo esperado y que habría contado con zanahorias, anguilas y unos huevos cocidos, muy en consonancia con el modo de vida sencillo al que se hallaba la sociedad bajo dominio del imperio romano.
Leonardo (como le gustaba que lo llamaran), fue un adelantado en su época, ya que no solo nos queda de él “La última cena” o “La Gioconda”, o sus múltiples sapiencias que tantos arquetipos dejó para las futuras invenciones, sino que su persona siempre estuvo involucrada al humanismo, al espíritu crítico y sobre todo, a esa infaltable necesidad de inquietud que manifestaba como una curiosidad eterna que tan bien le hizo (y le hace) al pensamiento, para día a día ir construyendo, sociedades más humanas y racionales. Bon Appetit.

viernes, 2 de abril de 2010

VAN GOGH Y OTROS REFLEJOS DE PARIS.

Se cumplieron el 30 de marzo pasado, 157 años del nacimiento en los Países Bajos, de Vincent Van Gogh, uno de los artistas que mejor reflejaron la yuxtaposición entre el arte de la pintura y todo lo que significaba todo lo referente al vino, como también así, a las bebidas espirituosas hacia finales del siglo XIX en Francia.
Y es que este pintor post impresionista, fue junto a Toulouse Lautrec, Degas, Picasso, Gauguin, y otros grandes artistas de la escena cultural, los que expresaron en sus obras el mundo de la noche, de las luces, los bares y tabernas, siempre acompañados de bebidas que en esa época se consumía en los bares parisinos, como el vino, el champagne, cervezas, whisky y absenta, entre tantas otras.
La diferencia en Van Gogh, fue quizás diametralmente opuesta a Toulouse Lautrec o Paul Gauguin, ya que estos últimos, describían tabernas bulliciosas con bailarinas y grandes grupos de amigos conversando en las mesas, mientras Van Gogh expresaba en sus obras la embriaguez, la depresión, gente sola y perdida por la bebida en la mesa absortos en su soledad. Quizás fuera parte de la adicción y excesos de alcohol que formaba parte de la vida de Van Gogh, pero vale la pregunta de quien describiría la verdadera realidad de la noche parisina, o tal vez pintaban dos imágenes opuestas de la misma realidad, ya que es muy cierto que la burguesía parisina prefería más asistir a esos sitios que estar en sus casas, ya que las reuniones sociales y el encuentro entre amigos estaban en su apogeo.
Entonces Van Gogh va a retratar ese estado de ánimo que lo plasma en desolación y abandono, reflejando quizás palpablemente su pensamiento y sus emociones, pero que mejor en estos casos que compartir esas obras que tanta historia nos divulgan. Bon Appetit.

viernes, 26 de marzo de 2010

TOULOUSE LAUTREC: BARES, TABERNAS Y CULTURA.

Se cumplió el pasado 24 de noviembre el aniversario 146 del nacimiento de uno de los grandes pintores de la escena francesa del siglo XIX. Es que sin duda, si hay un pintor que retrató la noche parisina en todo su esplendor, para exhibir todo el brillo y transmitir todas las excentricidades, la transgresión de los personajes, los aromas más impactantes y los sabores más exuberantes de finales del siglo XIX, ese fue el gran pintor francés, Henri Marie de Toulouse Lautrec.
A este famoso pintor se lo identifica con la escuela postimpresionista, en principio se va a alinear con Edgar Degas y va a participar de la ruptura más importante con el impresionismo, alejándose de las pinturas paisajistas que en esos tiempos pintaban Monet o Renoir para retratar la vida urbana y sobre todo los locales de diversión nocturna.
A Toulouse Lautrec no le interesaban los paisajes sino que prefería los ambientes cerrados, de luces, colores, pero sobre todo luz artificial y centrará de algún modo, toda su atención en las mesas de los bares, los camerinos, los artistas, las bailarina y las prostitutas que siempre estarán acompañados por bebidas con alcohol, desde vinos y cervezas, pasando por brandy y whisky hasta lo que fue su gran adicción en ese círculo, como sería la absenta.
Son muchas las historias sobre su gran problema con los excesos de alcohol, pero en sus pinturas parecía no percibirse ya que expresaba las escenas vividas en las tabernas de modo tan brillante y retratando cada una de las muecas y gestos de las bailarinas, cantantes y artistas caracterizando cada momento con grandes expresiones de vivacidad y alegría. Toulouse Lautrec llegó a transmitir fehacientemente en sus pinturas expresando de modo magistral toda esa sorprendente combinación entre las diferentes bebidas que en esos tiempos se bebían en los cabaret y tabernas a las que asiduamente concurría, y las brillantes obras en donde el pintor logró expresar en su plenitud todas las embrionarias muecas de la modernidad. Bon Appetit.

viernes, 5 de marzo de 2010

OLMEDO: UN BRINDIS AL HUMOR!

En algún momento de la historia se frotó la lámpara del humor y de allí salió un genio, un genio rosarino que nos inundó de alegrías, ensueños, complicidades, ironías, lucidez, e inolvidables idiosincrasias en la utilización del vocabulario. En el día de hoy su imagen merece un humilde recuerdo, ya que hoy cumpliría 78 años el Negro Olmedo, muchas son las páginas y páginas que se han escrito, y su inigualable talento humorístico seguramente nos invitará ha encontrar nuevos matices, sobre lo que fue este gran artista.
Su barrio, ese que le dio tanta letra, era Pichincha, en Rosario, y su ‘calle’ y su persona sería la que recorrería las veredas y las avenidas de la improvisación, su tan ansiado despertar con ese famoso Capitán al que todos llamábamos “Piluso”. Tiempo más tarde lo volveríamos a reencontrar en la imagen de “Rucucu”, y unos años después hará todavía más famoso al queso y al dulce que lo que ha hecho la gastronomía popular, con el “Fresco” y “Batata” junto a Porcel.
Las continuas bromas que realizaba sobre si mismo crecerían a pasos agigantados en “No toca botón” donde va a encontrar aliados para las cargadas, tanto de sus errores como los de todo su equipo, y dilapidará humor e ironías desde personajes como “El dictador de la costa pobre”, “Chiquito Reyes”, “El Manosanta”, “El mucamo Perkins”, “Rogelio Roldán”, entre tantos, y con los largos, encantadores, y sorprendentes diálogos junto a Portales, en “Alvarez y Borges” que nos han regalado uno de los capítulos más memorables de la televisión argentina.
Y es que a partir de ahí apareció el fantástico roce con la gente, ese juego que no se sabía como finalizaba, unas veces con el público, otras tantas con las cámaras, y si hasta las publicidades eran chivos con guiños cómplices; el famoso ¡Sa Voy! los fideos Nutregal, los alíscafos Belt, y las frases que aún hoy resuenan entre nosotros…¡Eramos tan pobres!, ¡Y..si no me tienen fe!, ¡Siempre que llovió, paró!, ¡Soy pitufo, pero no bolufo!, ¡Ruu cuu cuu!, entre tantas otras genialidades. Inolvidables resultan esas sonrisas de atorrante hacia la cámara, los manoseos a Portales, (cuando era sabido que no le gustaba eso), sus famosos cruces de piernas, los cuentos absurdos de dramatismo en los que presentaba a un corazón al centro de la escena, y sus apasionados gustos por las bebidas para acompañar ruedas de amigos. Toda la cultura popular reflejada en pocas palabras ya que había conocido la pobreza y las grandes experiencias de vida, esa vida que barajó y repartió sin escatimar a quien iba dirigida, con entrega y claridad inigualables, como solo Alberto Olmedo podía hacerlo…¡Y...si la vamo a hacer, la vamo a hacer bien!

miércoles, 3 de marzo de 2010

MENDOZA, ARTE Y VINO.

Quizás en pocas horas, es muy difícil concentrarse en recorrer lugares significativos de una ciudad, pero es necesario remarcar, que el vino juega su partido en Mendoza, y probablemente, el triunfo esté asegurado, ya que a lo largo de esta bella ciudad, se pueden encontrar, una buena cantidad de vinotecas, donde se brindan charlas y degustaciones, y también numerosos espacios que dan lugar al arte, y toda su relación con el mundo vitivinícola.
En ese sentido, me dirigí a estos centros culturales, al menos para tratar de registrarlos, e intentar transmitirlos a través de un lente, y que sin embargo, refleje la calidez a la que nos tiene acostumbrado este maravilloso placer, que suele acortar distancias y aglutinar sentimientos.
Ciertas veces, las palabras abundan, y es necesario allanar el camino, para que el arte y la historia murmuren sus expresiones y sus representaciones. Una vez más, no es casual que esa combinación, junto a la historia del vino, sellen uno de los maridajes más elegantes y sensuales que nos podamos cruzar en nuestro camino. Bon Appetit.




miércoles, 10 de febrero de 2010

JUAN GRIS: ARTE, VINO Y PINTURA.

Muchas veces resulta impactante ver lo que puede hacer la expresión del arte sobre la realidad cotidiana, y en numerosas ocasiones hemos comprobado que grandes artistas, no casualmente, han dedicado y trabajado a lo largo de su vida, la influencia que el mundo del vino, ha aportado sobre toda su obra, este es el caso de Juan Gris, que hoy cumpliría 125 años.
Juan Gris es el seudónimo de José Victoriano González, nació en Madrid en 1887, y falleció en Francia a los 40 años de edad, Juan fue considerado uno de los artistas que más ha contribuido a la pintura española de todo el siglo XX, y junto a Picasso y Braque, han sido tres de las figuras más trascendentales que ha dado el movimiento cubista al arte en general.
El Reina Sofía, uno de los Museos más importantes de España y del mundo, posee 19 de las más grandes obras de este artista, pinturas inolvidables relacionadas a la naturaleza muerta, y a otros factores muy importantes como la luz y el espacio. Para no extendernos tanto, nada mejor que compartir esta serie de pinturas, en las que el artista le otorga un lugar especial a los objetos, como la botella, la copa, la guitarra, en planos yuxtapuestos, y deja trascender la apariencia para pasar a ser una construcción de la realidad, y bien vale destacar a su vez, los posicionamientos horizontales, verticales y tridimensionales que el autor representa más allá de las múltiples líneas y planos y el énfasis que el artista dará principalmente a los objetos, destacando su nitidez, para abstraerlos de la ilusión. Indudablemente, Juan Gris, para disfrutar junto a un buen vino. Bon Appetit.






miércoles, 3 de febrero de 2010

MARCEL PROUST, RITZ, MAGDALENAS Y..CERVEZAS.

En el día de ayer se cumplieron 88 años del aniversario del fallecimiento de Marcel Proust, uno de los más influyentes escritores de la literatura del siglo XX. Cuantos escritores nos enseñaron a valorar ‘clínicamente’ el significado de una palabra, o a apreciar tan significativamente una pequeña historia cotidiana, o tal vez la descripción minuciosa de una escena aparentemente insignificante; y es que en ese sentido, cuando pensamos en Marcel Proust, y en las cervezas (que disfrutaba casi con amor idílico), uno ya imaginaba todo el desarrollo posterior en el que retrataba tan ceremonialmente la acción de beber placenteramente a la refrescante bebida.
Marcel Proust fue personalmente hablando, uno de los mejores escritores de todos los tiempos y su imagen siempre fue acompañada por esos famosos siete tomos de libros que se agrupaban bajo el nombre de “En Busca del Tiempo Perdido” en los que va a ir plasmando temas como el amor, la pasión, la profundidad de los sentimientos, la investigación de las personalidades, los personajes de su historia, de su vida, y en el que contextualiza uno de sus pasatiempos predilectos, que era asistir al Hotel Ritz, y que lo albergaría para beber sus frías jarras de cerveza que tanto lo apasionaron y que describió a lo largo de su obra.
Y es que Marcel, firme habitué del Hotel Ritz, acompañaba sus cervezas junto a sus amigos James Joyce, o Scott Fitzgerald, pero cuando la imposibilidad de ir lo contrariaba (ya que su hipocondría y su asma lo recluían en su habitación), lo mandaba a su amigo y chofer Odilon a buscar más cervezas frías al Ritz. Y es que el escritor entre cervezas, magdalenas, y cafés con leche, narraba con su estilo tan particular, que era el de su propia vida, con una narrativa tan profunda que lo llevaría a reencontrar su pasado volviendo a recorrer cada uno de los caminos perdidos, siendo su obra de este modo, mucho más que una novela.
Explicar a Marcel Proust y todo su mundo se vuelve inevitablemente una labor intrínseca de la conciencia de cada uno de nosotros, su lectura es casi ineludible pero sería interesante correr el velo entre tantos de sus escritos, para que retrate lo que para él representaba esa bebida tan placentera a los sentidos y que nos regala en muchos de sus párrafos…"Con el tiempo, como dice el refrán, le di a mis citas en el Ritz, y ahora quiero dar el Ritz de un encuentro en el tiempo, e incluso una cita a tiempo para la establecido para siempre en este lugar donde yo estaba tan cómodo y tan completamente feliz, yo, que hace mucho tiempo se la felicidad del pasado.
Cuando practicaba a probar uno de esos placeres que proporcionan los sentidos fuerte y trató de extender a mí en la medida de lo permitido por los caminos invisibles que siguen en el cerebro, las huellas de mis sentimientos, que es en el Hotel Ritz que he disfrutado los tónicos más poderosos que son una selección, serias reflexiones y palabras de luz, los alimentos deliciosos, ambiente exquisito. Cuando se determinó que yo estaba viviendo en contraste con el mundo, The Ritz, dejó abierta fue rápidamente mi preferencia (me enteré hoy que no cierra nunca, debe ser el paraíso). En ese momento, y un privilegio para mí, Odilon Albaret podía ir con su taxi a la calle Cambon si quería una cerveza fría o deseados para proporcionar calor del desierto de mi sed de estos picos de frescura, obeliscos frambuesa, fresa - acantilados de hielo de granito rosa.
Había pasado muchos años desde que había experimentado por primera vez y nunca me aburría, de los placeres de la cerveza como el Ritz, una noche en noviembre de 1922, después de horas de trabajo insoportable y la agonía empecé a soñar con lo que parecía ser de pronto más que una bebida: un remedio, una droga, un sacramento, un oasis, una alegría"
. Sin más palabras...Bon Appetit.


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